Rodrigo González Martín en El Adelantado de Segovia

La anterior exposición de María Rubio en la Galería Garajarte fue hace dos años. Desde entonces ha profundizado en su pintura y ha enriquecido su trabajo de indagación en sus cuadernos de viaje y de campo. Entonces expuso obras inspiradas de su "Cuaderno pausado" (2008), en esta ocasión su "Cuaderno dibujado" (2010) da fuente a las obras mostradas. Cada cuaderno es un espacio de investigación, su diario gráfico, su imaginario personal. Hay que levantar acta del mirar el paisaje y el entorno, tanto geográfíco como vital. Se trata de recoger cada emoción espontánea, de dar constancia y continuidad a esos momentos inquietos y fugaces.
En el "Cuaderno románico" se viene recogiendo cada descubrimiento encontrado en la indagación de largo aliento que sobre los orígenes de la pintura castellana realiza María Rubio. Las pequeñas y consistentes obras Fragmentos I, II, III y IV de la actual exposición son un delicado ejemplo de esta indagación sobre las formas primarias y esquemáticas y sobre los colores metálicos y esenciales de las primitivas tablas, vidrieras o incunables castellanas. A la par que tema de pintura se va perfilando como tema de su tesis doctoral. Sin prisas, sin agobios, sin urgencias.
La obra de María Rubio se registra en los cuadernos de campo y madura y enriquece en el taller. Cada instante de vida se fija y sistematiza en el trabajo lento, callado y persistente del taller. Es una obra que pendula entre la impronta y el análisis, entre el aire fresco y la paciencia. En cada obra se conserva el tenue zumbido de todos y cada uno de los elementos de la naturaleza en sus pinares y caminos, en su grietas y eras. Cada obra integra abstracción formal y cromática, a veces estructurada con precisión y equilibrio, otras acumula intensidad y drama en colores expresivos, casi vidriados. Pero en todas las obras la memoria del paisaje se conserva. En ellas resurge con ponderación, sin forzar el recuerdo, esa ola que nos inundó en el Cantábrico (Bajo la obra, 2009) o esas "Eras de montaña" (2009), que dan crédito a la perspectiva y consistencia arquitectónica a la mirada.
Las obras de María Rubio están elaboradas con extrema consistencia formal y con cambiantes formatos para acoger las más variadas experiencias y experimentaciones. No escatima técnica ni procedimiento alguno para dar expresión a sus percepciones. La exposición está así formada con dibujos sobre rincones y miradas íntimas de Segovia, grabados al aguafuerte y linograbados con retoques posteriores con la barra de pastel que dan personalidad y textura mayor, 11 collages tan pequeños como sutiles y densos y acrílicos empastados y tramados que resultan con rapidez y constancia del quehacer de los paisajes en el taller.
María Rubio pretende lograr la profundidad y exponer lo oculto en transparencias y capas superpuestas que dan textura y evidencia a cada composición, en una permanente contraposición de elementos, sean líquidos o tierras, formas o paisajes.
Y siempre procurando liberar la mirada y el color. Dando esquema, como los viejos maestros vitralistas medievales, a las improntas anotadas con urgencia en sus cuadernos de trabajo y explorados con paciencia y criterio en el taller silencioso de la artista.
Nos queda en el aire la pregunta de cuándo María Rubio nos mostrará sus cuadernos, sus bocetos, sus momentos primarios y vitales. Esos instantes primigenios de su vida y de su obra.

Exposiciones en: PDG Ediciones de Arte Cuadernos

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